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martes, 29 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 12

Los días pasaron, y Andrew y Samu se llevaban cada vez peor. Se insultaban nada más verse. Se pegaban si uno decía algún comentario fuera de lugar. Yo estaba harta de ellos porque no me lo podía pasar bien con mis amigos.

Un día vino Andrew a mi casa a pasar el rato. Se fue al baño. Llamaron a la puerta y abrí. Era Samu y traía cara de enfadado.
-¿Por qué no acabamos lo que empezamos?- dijo intentando besarme el cuello.
-No hemos empezado nada nunca-dije apartándome de él.
-En eso tienes razón, pero si yo te gusto, ¿por qué no empezar ahora?- dijo intentando meter su mano por debajo de mi camiseta.
Pinger - świetni ludzie-¡Déjame! No quiero tener nada conti-no me dejó acabar la frase, me besó. Todo el tiempo que llevaba esperando ese beso ahora me daba asco. Le di una bofetada.
Me cogió por la cintura y me tumbó boca arriba en el sofá. Empezó a besarme y me desabrochó y me quitó el pantalón del pijama. Yo hacía lo imposible por apartarme pero no me dejaba. Seguía besándome. Yo estaba en sujetador y bragas.
Andrew apareció por la puerta.
-¡Ui! ¿Ya vienes a molestar? ¿Es que no ves que estamos ocupados?-dijo Samu con cara de bobo.
Me aparté de Samu como pude. Fui corriendo hacia Andrew y me agarré a su brazo.
-¡Déjala en paz!-dijo apartándome de su lado.
Samu fue a darle un puñetazo a Andrew, éste lo esquivó y yo que estaba detrás lo recibí. En plena cara. No me dio tiempo a reaccionar. Caí al suelo. Un ardor me recorría el rostro, y mi cabeza daba vueltas. Escuché como Andrew echaba a Samu de mi casa y cerraba la puerta. Me llevé la mano a la mejilla y me dolía. Me la notaba hinchada.
-¿Estás bien?-dijo Andrew en cuclillas a mi lado.
-No, la verdad es que no-dije abriendo los ojos.
-Ahora vengo-dijo Andrew yendo a la cocina.
Unos minutos después apareció con una bolsa de hielo envuelta con un trapo de cocina y me lo acercó.
-Gracias-dije colocándomelo sobre el golpe.
Intenté levantarme, pero de la caída me dolía el tobillo, seguramente me lo habría torcido al caer. Andrew me ayudó a levantarme, intentando que yo no apoyara el pie izquierdo. Me llevó hasta el sofá y me ayudó a sentarme. Cogí con la mano que tenía libre la camiseta que estaba tirada en el suelo al lado del sofá y me la puse. ¡Andrew me había visto en ropa interior! Nada más pensarlo me sonrojé y bajé la mirada al suelo. Andrew se sentó a mi lado y me miró de arriba a abajo.
-Andrew-le miré-¿me podrías ayudar para que pueda ponerme los pantalones?
Él se sonrojó y se levantó a cogerlos.
-Sí, claro-dijo carraspeado.
Dejé a un lado el hielo y empecé a ponerme los pantalones. Andrew me sujetó por la cintura para que pudiese subírmelos y cerrarlos.
-Gracias-dije sentándome otra vez en el sofá.
Cogí de nuevo el hielo y me lo coloqué en la mejilla. Andrew se arrodilló en el suelo y me sujetó el pie con delicadeza.
-¿Tienes vendas y esparadrapo?-preguntó mirándome.
-Sí, en el armario pequeño que hay en el baño, en el cajón del medio.
Se levantó y se dirigió al baño.
Cuando volvió se agachó otra vez y empezó a vendarme el pie. Me lo quedé mirando y cuando me di cuenta estaba sonriendo. Se me escapó una pequeña risa cuando sus dedos rozaron mi planta del pie. ¡Me hacía cosquillas! Él me miró travieso y volvió a pasar un dedo por mi pie. Yo hice ademán de apartarme, pero el dolor no me dejó.
-¡Ah! ¡Me duele!-dije agarrándome el tobillo que Andrew tenía entre sus manos.
-Déjame que te acabe de colocar la venda-dijo apartando mis manos del pie.
Cuando nuestras manos se rozaron noté un cosquilleo en la barriga. Él me miró serio unos segundos, pero en seguida apartó la mirada y la fijó otra vez en mi tobillo. ¿Qué había sido eso? Me apoyé en el respaldo del sofá y miré al techo.
-Ya está-dijo Andrew colocando mi pie en el suelo.
-Gracias-sonreí.
Él no me miró, sólo se levantó y se dirigió a la puerta.
-¿Dónde vas?-pregunté extrañada.
-Me voy a casa-dijo mirando el reloj-tengo cosas que hacer.
Abrió la puerta y se fue sin más.
¿Había hecho algo que le hubiese molestado? No era normal de él que se fuese de esa manera. Pensé en Samu y en Candy. Me sabía mal por Candy. Pero yo jamás le contaría lo que había pasado, se la veía muy ilusionada, no quería estropearle los planes. Quizá Samu sólo me había hecho esto para vengarse de que no se lo hubiese dicho antes y quizá con Candy sería siempre como era antes conmigo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Premios :D

Bueno, primero de todo, debo dar las gracias a mi seguidora Chloe, que me ha dado este premio en su blog, que por cierto, es precioso y os animo a que lo visitéis, no os arrepentiréis, ya veréis como os engancháis, a mí me ha pasado :D Y bueno, a parte, quiero dar las gracias a todas las personitas que me seguís, si no fuera por vosotras, no estaría ahora escribiendo esto, y estaría muy triste. Escribir es algo que me da vida, que me hace feliz, es un sueño, y poco a poco se va haciendo realidad. Si no os nombro a todos los blogs, lo siento, sólo me dejan a 12, pero aunque no estén vuestros nombres, me gustaría que os dieseis por aludidos, porque todos os lo merecéis. Y bueno, los nominados a este premio son..... Tachán, tachán....

Y bueno, aquí tenéis  las reglas :D
1)Anunciar el premio en la entrada
2)Nominar a 12 blogs
3)Avisar a los ganadores

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 11

-¿Por qué te has metido?-susurré, mirando al suelo.
-No lo sé, supongo porque ese tío no tenía derecho a hablarte así-hizo una pausa-, nadie tiene derecho a hablarte así-miró el final de la calle.
-Pero no hacía falta, tú no tienes nada que ver-dije algo más fuerte.
-No importa, ya lo he hecho, además no es nada malo que te defienda-dijo mirándome unos segundos.
Seguimos andando a ningún lugar en concreto, no hacía falta ir a ninguna parte, no importaba el sitio donde estuviésemos. Me sentía extraña, nunca me había sentido así. Andrew me hacía sentir rara, por así decirlo, no sabía lo que era, extraño, especial. Sonreí para mis adentros. Me sentí importante cuando se pelearon. No sé, quizá suene egoísta, pero me hizo sentir bien ver que alguien, Andrew, se preocupaba por mí y por lo que Samu me estaba diciendo. Le había dicho a Samu que ya no sentía nada por él, le dije que me gustó en su momento. Pero creo que no dije la verdad, aunque fuese un tonto, un chico que no valiese la pena, seguía gustándome, era inevitable, pero ya no de la misma manera, él ahora estaba con Candy. Buf… cada vez que lo pensaba no me lo creía. No sé cuánto durarían, pero ahora ya no importaba. A Candy se la veía feliz, y como era muy importante para mí, me sentía bien conmigo misma, porque ellos dos se querían y era bonito verlo, aunque me doliese por dentro.
-Gracias-pronunció mi boca.
-Oh, vamos, ¿otra vez?
-¿Otra vez qué?-dije mirándole.
-No sabes decir otra cosa que gracias-sonrió-, no sé, enfádate, revélate contra mí, dime que me vaya a la mierda por haberme metido, no sé, insúltame-rió.
-No seas tonto-dije dándole un golpe en el brazo.
-Bien, tonto, está bien para empezar-rió.
-Yo de ti no me provocaría, no vaya a ser que al final termines la pelea, no con Samu, sino conmigo-reí subiéndome a caballito en su espalda y haciendo como si le pegase.
-Oh, no no, que tú seguro que eres peor que él, eres capaz de matarme-dijo bajándome de su espalda, casi sin esfuerzo-Vayamos a casa, que esto se está poniendo feo-rió.
-Feo no, pero ya es tarde-dije mirando el reloj, las 12 y media.

Caminamos en silencio, hacia mi casa, escuchando nuestros pasos sobre el asfalto. Le miraba de reojo de vez en cuando y cuando coincidíamos sonreíamos. Oída algún que otro suspiro de Andrew. Hacía fresco, pero notaba mis mejillas ardiendo. Mi corazón latía a un ritmo rápido, deseando llegar a casa. Me estaba poniendo nerviosa de tanto silencio. Cuando me di cuenta, vi mi portal delante de mis narices.
-Bueno, hasta pronto-sonreí.
-Adiós-Andrew me dio un abrazo-, que duermas bien.
Abrí la puerta y entré. Antes de cerrar volví a mirarle y le dije adiós con la mano. Dormir, no sé si podría con todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 10

Al día siguiente Andrew vino a casa a traerme el móvil.
-Lo siento mucho-dijo Andrew, agachando la cabeza, mirando el suelo.
-No me pidas lo siento, tú no has hecho nada, la que debo pedirte perdón soy yo, no debería haberme ido corriendo sin decir nada-dije apoyándome en su hombro.
-No te preocupes, lo entiendo, es una putada-dijo acariciándome el brazo.
-Gracias- susurré.
-¿Por qué?-preguntó mirándome a los ojos.
-Por todo-sonreí mirando al frente.
Nos quedamos así, en silencio, mirando la pared de enfrente del salón, sentados en el sofá.

-Bueno, me tengo que ir Sofía, ¿nos vemos mañana?-dijo levantándose y yendo hacia la puerta.
-Claro-le acompañé a la puerta.
-Bueno, pues adiós-sonrió saliendo.
-Espera-le agarré del brazo y le di un abrazo, lo necesitaba-. Gracias-volví a susurrarle.
-Por nada- sentí que sonreía.
Se apartó un poco y me dio un beso en la mejilla.
-Adiós-dijimos a la vez sonriendo.



Era sábado por la tarde. Sam, Andrew y yo fuimos a dar un paseo. Estábamos hablando cuando alguien me tapó los ojos con las manos. No sabía quien era. Intenté apartarme. Lo conseguí y me giré. No me lo podía creer. Candy. Mi vieja amiga, Candy. Me abrazó. Qué alegría volver a verla. Pero esa alegría desapareció enseguida. No estaba sola. Él iba con ella. Me miró con cara de avergonzado. Me dio un vuelco el corazón. Empezó a latir muy rápido, parecía que se iba a salir de mi cuerpo. Sentía alegría y dolor a la vez. Lo había echado de menos tanto tiempo.
-Nuestros padres han decidido venir aquí de vacaciones unas semanitas-dijo Candy abrazándolo.
Samu le pasó el brazo por los hombros y la acercó hacia su cuerpo.
-¡Qué confianza tenéis!- dije mirándolos.
-Sofía, ¿es que no te dijo Samu que, bueno, habíamos empezado a salir?
-¿A dónde?- me quedé perpleja.
Los dos se rieron.
-Me refiero a salir como novios-dijo Candy divertida.
¿Cómo? No podía ser. Ella no, no me lo podía creer. Candy con Samu. Tragué saliva. Se me hizo un nudo en la garganta, pero afortunadamente pude parar las lágrimas antes de que salieran.
-Ah, bueno, algo me contó pero no me dijo con quién. ¿Cómo os va?-dije enseñando una sonrisa amarga.
-Bien-dijo Samu mirándome.
Andrew, que estaba a mi lado, me miró preocupado.
-¿Y ellos quiénes son?-preguntó Candy refiriéndose a Andrew y Sam.
-¡Ah! Son unos amigos del instituto.
Se saludaron.
-Bueno, Samu y yo nos vamos a deshacer las maletas. Si queréis podemos quedar esta noche para tomar algo.
-Vale-dijo Sam.
Esa noche me arreglé bastante. Me puse unos pantalones blancos cortos y una camiseta azul brillante de tirantes finos. No sabía cómo iba a reaccionar. Tenía miedo a que me dijese algo. Había sentido algo muy fuerte. Me hubiese gustado haber podido lanzarme a su cuello y besarle, pero estaba ella, me había traicionado. Yo no se lo había contado, pero me sentía traicionada, no por ella, sino por él. No estaba segura de poder aguantar verles juntos una vez más. No lo sabía, no sabía lo que iba a ocurrir esa noche.
Abrí la puerta de casa. Andrew me estaba esperando. Llevaba unos tejanos largos y una camisa blanca y azul de manga corta.
-¿En serio quieres ir?-dijo mirando al frente.
-Sí-dije mirándolo.
Él también me miró.
-Olvídate de Samu. Tiene novia y ya no puedes hacer nada.
Tenía razón. Candy era mi amiga. Lo abracé.
Llegamos a casa de Sam y fuimos hacia la plaza donde habíamos quedado.
Candy y Samu estaban sentados en un banco abrazados. Andrew se dio cuenta de que los había visto y me pasó el brazo por la cintura. Sentí algo extraño. Un calor confortable recorría mi cuerpo y no me quería separar de él. Por un instante me olvidé de lo que tenía delante. Le miré, sonreí y me agarró más fuerte. Apoyé mi cabeza en su hombro. Empezamos a hablar.

-Sofía, te he echado mucho de menos- dijo Candy sonriéndome. Un vacío en el corazón.
-Ya que sale el tema-Samu me miró-Sofía, ¿por qué no te despediste antes de mí?
-Ya te dije que tenía miedo a despedirme de ti.
-Me dijiste que no sólo era por eso- me dijo enfadado- no será-paró unos segundos- que me querías, ¿no?- No, esto si que no. Ahora me daba cuenta de cómo era él. Un cabrón, fue un cabrón, él no sentía nada por mí.
-Quizá antes, pero sé que me equivoqué. Ahora me doy cuenta de la persona que eres.
-Samu, déjala en paz- se metió en medio Andrew.
-Tú no te metas en esto. ¡Esto no te importa!-le gritó Samu apartándolo con la mano-¡Tú no eres su guardaespaldas!
-¡Dejadlo ya! Andrew vámonos- le insistí agarrándolo del brazo.
Nos fuimos los dos solos a dar un paseo. No quería que Andrew se metiera en problemas por mi culpa.

martes, 22 de noviembre de 2011

Palabras que decir, cositas que contar

Te miro y es como si todo se parase... Te miro y es como si nada más importase... Te miro y es como si desprendieras la luz que necesito....Te miro y es como si no pudiese vivir sin ti... Pero te miro y me doy cuenta que no hay nada... Te miro y veo que nunca pasó nada entre tú y yo.... Te miro y es como si pudiera alcanzarte, pero yo sé que es imposible... Te miro y veo a alguien especial, pero luego pienso y veo la realidad... Yo, aquí, preocupándome y sintiendo miles de cosas por ti.... Tú, delante de mí, tan cerca pero tan lejos, sonriéndome, para ti una sonrisa cualquiera, para mí la sonrisa que me vuelve loca... Esa sonrisa que me hace tartamudear... Esa sonrisa que me hace sentir tonta y no pensar en nada más... Esa sonrisa que me hace feliz... Esa sonrisa que me hace pensar que soy alguien especial para ti... Esa sonrisa que me hace pensar que no debo enamorarme de ti... Este corazón que todavía no controlo... Este corazón que lucha contra mi cabeza... Esta cabeza que lucha contra mi corazón... La cabeza me dice que no le quiera, el corazón me dice que le amo... Pero yo sé que por mucho que me diga a mí misma que no le puedo querer, más le quiero tener a mi lado... Es inevitable quererle...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 9

- La verdad es que no huele mal-le dije señalando el bote de colonia y soltando una carcajada-aunque no creo que atraiga a las chicas.
-No sé, eso es lo que pone en el bote- dijo mirándolo.

Silencio. Esta vez más largo. No me atrevía ni a respirar. Notaba los latidos de mi corazón cada vez más fuertes y a un ritmo más rápido.
-Sofía-me giré hacia él-¿Por qué llorabas en la heladería?
-Por nada. Tonterías-dije mirando al suelo. No se me ocurría nada.
-No se llora por nada. Anda cuéntamelo-insistió.

Samu. Otra vez en mi mente. Necesitaba verle y decirle lo que no dije antes de irme. Sé que jamás podría olvidarme de él… ¿Es que no podría pensar en él sin tener que llorar? Noté un nudo en la garganta y empecé a llorar otra vez. Me llevé las manos a la cara. Me levanté para irme pero Andrew me cogió entre sus brazos y me abrazó. Lo necesitaba. Fuerte, muy fuerte, pero no quería soltarme. Mis manos pasaron de mi cara a su pecho desnudo, y de su pecho a su espalda. Lo abracé aún más fuerte. Quería parar de llorar pero no podía. La sonrisa de Samu y su <<Te quiero>> estaban presentes en mis pensamientos. Mis ojos apoyados sobre su pecho, no paraban de derramar lágrimas. Colocó su mano derecha sobre mi cabeza y la izquierda en mi espalda. Pude decir algunas palabras.
-Es que es una historia muy larga y…- no pude acabar la frase.
-No importa. Echas de menos a tus amigos ¿verdad?-me dijo.
-Bueno, sólo a una persona.
-¿A quién?
-A un chico, que era mi mejor amigo y no me pude despedir de él porque no le dije nada de que me iba-dije de carrerilla.
-¿Te gustaba?
No me esperaba esa pregunta. Me dio un golpe el corazón. Un montón de recuerdos, hasta el más pequeño, estallaron en mi cabeza.
-Sí-le dije mirándolo a los ojos. Ahora él estaba serio, muy serio. Se apartó de mí, pero sólo un poco- y me sigue gustando.
Permanecimos así, mirándonos a los ojos fijamente, por un instante que se hizo eterno. Silencio, terminado por una sinfonía que sonó dentro de mi bolsillo. Cogí el móvil. Un nuevo mensaje de texto. <<Sofía, soy Samu. Como eres mi amiga, quiero que sepas esto: tengo novia>>. Me quedé de piedra. Bajé la cabeza, no podía soportar esto, esto sí que no. ¿Por qué me lo decía? ¿Acaso él sabía que me gustaba?
-¿Por qué? ¿Por qué..?-se me ahogaron las palabras, no podía hablar de la angustia.
Tiré el móvil al suelo pero Andrew lo cogió al vuelo. Me miró preocupado. Me fui corriendo. Me dejó ir, sabía que era lo mejor.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 8

Los días pasaban y esa pequeña conversación no paraba de dar vueltas en mi cabeza. Hacía mucho que no lo veía. Me gustaría volver a verlo, pero sabía que eso era casi imposible. Ese “casi” era lo que más me comía la cabeza. Lo echaba de menos, echaba de menos su cara, sus manos, sus ojos, su forma de hablar, de moverse, de caminar, a él. Mis recuerdos, ya
borrosos, pero imborrables, aún estaban en mi mente. Sabía que no lo olvidaría nunca, pero, aún así, lo seguía intentando.

Una tarde salimos Sam, Andrew y yo a dar un paseo. Fuimos a la heladería del centro a comprarnos unos helados. Sam cogió un cucurucho de fresa y Andrew uno de chocolate y nata. Yo no sabía qué cogerme. Lo estuve mirando todo y opté por probar uno de color verde, pero no sabía de qué era. Nos dirigimos a la terraza. Ya empezaba a hacer calor. Nos sentamos en una mesa al lado de la piscina.
El helado se estaba derritiendo. Lo lamí para que no se cayera. Estaba bueno. Sabía a melón y se podían apreciar los pedacitos de hielo que todavía no se habían derretido y que crujían en la boca.

Al cabo de unos minutos llegaron unos niños pequeños, más o menos de nueve años. Empezaron a correr por la terraza. Las madres estaban sentadas en la entrada. O no se habían dado cuenta o les daba igual lo que los niños hiciesen. Uno de ellos me golpeó el brazo que estaba sujetando el helado y fue a parar a la camiseta de Andrew.
-Me cago en la…-no siguió la frase porque estaban los niños delante riéndose.
Me levanté para limpiarle la camiseta, pero en ese momento otro niño que pasaba me empujó y caí a la piscina. Yo sí que acabe la frase. Llevaba unos pantalones nuevos. Sam empezó a reírse y la fulminé con la mirada. Se acercó para ayudarme a salir. La agarré por la pierna y la tiré a la piscina.

Empezamos a reírnos y al final vino el camarero y nos echó de la heladería. Andrew fue a pagar. Me acordé de aquel día en el pabellón lloviendo y de la conversación. Samu. ¿No desaparecería nunca de mi cabeza? Cada vez sentía que le necesitaba más y más, hasta el punto de no saber vivir sin él. Eché a llorar. Sam se dio cuenta.
-¿Por qué lloras?
-Porque-me costaba hablar-me acuerdo de mis viejos amigos.
Pasó media hora y nos dimos cuenta de que Andrew ya no estaba con nosotras. Lo buscamos por la zona, pero no lo encontramos. Decidimos ir a su casa. Toqué al timbre y en ese momento apareció una señora. No muy alta, delgadita y de pelo oscuro. Era su madre. No se parecían en nada, seguramente habría salido a su padre.
-¿Está Andrew?-pregunté preocupada.
-Sí, entrad.

Entramos y nos dirigimos a su habitación. La puerta estaba medio abierta. Llamamos a la puerta pero no contestó, así que decidimos entrar. Él estaba allí, tumbado sobre la cama leyendo una revista de coches. Llevaba el pantalón del pijama azul que le regalé para su cumpleaños, pero arriba no llevaba nada.
Nos vio aparecer. Nunca lo había visto sin camiseta. Se dio cuenta y se sonrojó. Le saludamos pero no contestó.
-Andrew, tío, ¿que te pasa? No te hemos hecho nada para que te enfades-dijo Sam con las manos en la cintura, ladeando la cabeza hacia la derecha.
-Nada.
-Venga, a nosotras no nos engañas-dije mirándolo a los ojos.
-¡Os he dicho que no me pasa nada!-dijo irritado.
-Bueno, ahí te quedas. Sofía, adiós, hasta mañana-dijo yéndose y cerrando la puerta.

Silencio. Me senté en la silla del escritorio y me apoyé en el respaldo. Noté su camiseta en mi espalda. Me vino un olor a colonia, algo fuerte, pero dulce. No sé por qué pero era acogedor y me sonrojé. Él siempre me decía que esa colonia atraía a las chicas pero yo siempre le decía que era mentira. Cuando me di cuenta tenía una sonrisa en la cara.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 7

Valió la pena porque las habitaciones eran muy bonitas. La cama parecía de princesas. Tenía dos mesitas a los lados con velas encima. El lavabo era enorme. La bañera era de esas antiguas, menos mal que el váter ya era más moderno. En general, la habitación parecía medieval. Me tiré en la cama. Estaba muy cansada y me dormí al momento.

Unos minutos después me llamaron mis padres para ir a pasear. Tenía mucho sueño pero no me quedaba de otra. Cenamos y nos fuimos a dormir al hotel.



Los días pasaron. Tuve que empezar en un instituto en el que no conocía a nadie. El primer día me ahorré la bienvenida porque el profesor no estaba. Me senté detrás de todo, al lado de la ventana, así pasaría algo desapercibida. Tuve que estudiar mucho el inglés porque todas las asignaturas eran en inglés. Me costó integrarme. El curso ya había empezado, pero al final hice unos amigos, Sam y Andrew. Sam se me acercó y me ayudó bastante la verdad. Sam era una chica de mi clase, de cabello oscuro, cortado irregularmente y bastante corto, piel muy blanca y ojos color miel. Andrew era mi compañero de un trabajo de ciencias que tenía que hacer. ¡Practicaba surf! Era rubio y de ojos azules, el típico chico que parecía salido de una película de amor pegajosa que se enamoraba de la chica más popular del instituto. El chico era guapo, pero yo no estaba para esos temas, además tendría a un montón de babosas detrás de él, pidiéndole de ir al cine juntos o a tomar un helado, yo no era así. Además, ¿a qué viene todo esto? A mí no me gustaba Andrew, sólo era majo. Yo todavía estaba enamorada de Samu, el chico que dejé atrás hace un tiempo y, si os digo la verdad, no quería olvidarme de él, todavía tenía la esperanza de que algún día nos volveríamos a ver y surgiría lo que no dio tiempo... Cada vez estaba más segura, aunque cada vez estuviésemos más separados, no sólo físicamente, ya no hablábamos, las horas no coincidían y era difícil contactar. Él no me hablaba ni me dejaba mensajes, así que decidí pasar un poco del tema, era difícil, sí, pero no imposible, aunque cada vez que me decía a mí misma que me olvidase de él, más me acordaba.

Al cabo de unos días nos mudamos a una casa cercana al instituto. Todos los días me venía a buscar Andrew y después íbamos a buscar a Sam para ir al instituto.


Un día, Candy me mandó un correo electrónico diciéndome que se había apuntado a baloncesto. Me conecté al MSN para hablar con ella. Samu estaba conectado pero fue conectarme y desconectarse él. Me quedé sorprendida. Al cabo de unas horas se volvió a conectar. En mi PC se abrió de repente una nueva ventana:
-Sofía, ¿Por qué no me lo contaste en persona?
Yo no sabía qué decirle. Quería contarle la verdad, pero no podía. Me mandó un zumbido tras otro y yo seguía sin contestar.
-Ya te lo dije, por miedo a tener que despedirme de ti-conseguí escribir. Me temblaban las manos.
Pasaron los minutos y él no decía nada. Se desconectó. Necesitaba una respuesta, no podía dejarme así.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 6

-Por favor, dame el por qué ahora.
-Está bien-suspiré-, porque…
-Nos tenemos que ir- dijo mi padre.
-Papá, un momento por favor-supliqué.
-De eso nada, que ya es tarde y vamos a perder el avión-gritó des del coche.
-Lo siento, me tengo que ir, hasta pronto- le dije a Samu apartándome.
-Te quiero-susurró.
No lo oí pero pude leer sus labios. Noté unas cosquillitas en el estómago.
Entré en el coche. Me vinieron muchas preguntas a la cabeza. ¿Qué significaban para él esas palabras? ¿Me atrevería a dejarlo todo atrás? ¿Debería quedarme aquí? Y muchas más. Miré por la ventana del coche y le dije adiós con la mano.  Estaba ahí, sentado, y se le veía triste. El coche arrancó. Fue un largo viaje en coche hasta llegar al aeropuerto.

En el aeropuerto tenía pensado llamar a Candy pero no me quedaba saldo.
-Mamá, ¿a qué hora es nuestro vuelo?
-Dentro de una hora.

Estuve un buen rato esperando. De mientras, fui a una tienda que había allí. Era muy grande y muy colorida. En el final de todo había un gran puesto de comida envasada en pequeñas fiambreras, entre otras cosas. Me llamó la atención un grupo de niños amontonados y me acerqué. Era el puesto de peluches. También había collares, pulseras, pendientes, libretas, revistas, cómics, diarios, libros, bolígrafos, carpetas, figuras de aviones de colección, postales, etc. Y, sobretodo, mucha gente. Casi no podía moverme por allí. Como soy “tan” alta. Fui a la zona de comida y compré chicles por si me mareaba, una coca-cola y una pequeña bolsa de patatas. Cuando salí, miré a la pantalla y vi que sólo me quedaba un cuarto de hora para irme a Inglaterra. Respiré hondo y aguanté el aire durante unos segundos hasta ponerme roja. Me empecé a reír sola entre la gente. No podía parar y me miraban y se reían conmigo, seguramente pensarían que estaba loca. Estaba muy nerviosa y no pensaba lo que hacía. La verdad, no me hacía ninguna gracia tener que irme, pero hay veces que te dan unos pequeños ataques de risa y no puedes parar. Mis padres me llamaron para subir al avión. Subimos unas escaleras. Estaban húmedas, y yo, como soy tan patosa, me caí escaleras abajo. Me empecé a reír otra vez para no llorar porque me había hecho un poco de daño.
Ya dentro del avión, miré por la ventana y vi como nos alejábamos cada vez más del suelo. Eso hizo que me diera un poco de vértigo. Me comí un chicle, por si acaso. Estuve jugando a la Nintendo DS. Cuando ya llevábamos media hora me giré y vi que había dos niños pequeños al lado de mis padres. Me recordaron a Samu y a mí. Empecé a recordar todo lo que había pasado entre nosotros. Cuando nos conocimos, cuando nos enfadamos y, sobretodo, la despedida. <<Te quiero>>. Ese susurro me puso los pelos de punta. ¿De verdad conseguiría vivir sin verle? Ya le echaba de menos y hacía muy poco que nos habíamos visto por última vez. ¡Por última vez! ¿Por qué? ¿Por qué tenía que dejarlo todo? Quizá no lo vería más, quizá él se olvidaría de mí y ese <<Te quiero>> sólo fue una palabra más, como un <<Adiós>>, quizá para él sólo significaba eso. Pero, ¿y si me quería de verdad? ¿Y si esas palabras llevaban ese sentido? ¿Y si me quería como yo le quiero a él?  Entonces pensé en lo que podría haber pasado entre Samu y yo. Podría haberle dicho que también le quería pero no lo hice. Ya está hecho, no pienses más en eso. Miré a mis padres y sonreí. Sabía que tenía que irme con ellos, por el bien de todos.
Pasó una hora y llegamos a Inglaterra. Salí del avión. Había mucha gente.
Me quedé alucinada porque nunca había visto a tanta gente ansiosa por subir a un avión. Mis padres me cogieron del brazo para que aligerara el paso. Fuimos a recoger las maletas y nos fuimos al hotel. Estuvimos preguntando a la gente hasta que lo encontramos. Entramos y preguntamos por las habitaciones. La nuestra era en la planta veintiuno. El ascensor estaba averiado y teníamos que ir por la escalera. Miré mis padres con cara de preocupación.
-¿Qué? Será una broma, ¿verdad?
-Lo siento, venga, que tenemos muchas escaleras por subir-dijo mi padre cogiendo aire por la nariz.
Suspiré y empecé a subir. Así haría algo de ejercicio.

martes, 8 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 5

Un día me enteré de que mis padres se iban a Inglaterra y era obvio que yo también. Hice lo imposible porque me dejasen quedarme en casa de mis tíos, pero no me dejaron. A mi padre le habían ofrecido un puesto de trabajo en una empresa de allí. Lo guardé en secreto porque no quería pasarlo peor de lo que lo estaba pasando. Si mis amigos se enteraban me iba a costar mucho despedirme de ellos y sobretodo de Samu.
 Cada vez que lo miraba pensaba en el momento del adiós, ¿cómo sería? ¿Sería capaz de decírselo sin perder el control? ¿Debería decirle lo que siento? ¿Que estoy enamorada de él des del primer día que lo vi? No lo sabía… Estaba muy confusa, cuando llegase el día de irme no sabría cómo reaccionar. Lo perdería para siempre… Menos mal que nos habíamos arreglado, porque sino lo hubiese pasado peor aún sabiendo que estábamos enfadados y no me iba a despedir de él.
-Hola-sonrió.
Cada vez que lo veía me derretía. Era tan guapo… Sonreí. Nos sentamos en un banco.
-¿Qué piensas?-me preguntó, pillándome con la guardia baja.
-¿Eh?-¿cómo se había dado cuenta?- No… En nada, tonterías mías, ya sabes cómo soy-reí, disimulando. ¿Cuándo sería capaz de decírselo?
-Jajaja, tú siempre igual… Pensando, en tu mundo-rió mirándome a los ojos. Me sonrojé y bajé la cabeza-. ¿Algo nuevo?
 ¿Qué quería decir con eso? ¿Ya lo sabía? ¡Oh, dios! Esperaba que no… Iba a quedar como una mentirosa.
-Eeeh… que yo sepa no… -miré a la calle- ¿Tú tienes algo nuevo?
-Que yo sepa no- repitió sonriendo. Ooooix… Es que es tan mono…
-¡Qué aburrido eres!-le di un golpecito en el hombro.
-Corrige eso, “somos unos aburridos”-me agarró del brazo y me dio una palmadita en la mano.
Nos miramos a los ojos una vez más, pero esta vez noté algo extraño, no sé el qué, pero no era como las otras veces, era diferente. Era algo nuevo, tenía un brillo especial en su mirada. Me hizo que me quedara pasmada y sonrió. ¿Qué sería eso? Quizá eran imaginaciones mías, pero me sentía extraña. Nunca me había mirado así, me sentía bien, él me hacía bien.
-Bueno, nos vemos en la salida-sonrió de oreja a oreja.
Ya no estaba ese brillo y me desilusioné. Quizá nunca había estado allí y yo me lo había imaginado, quizá todo había sido producto de mi imaginación, tan risueña y soñadora cuando estaba con él. Sentí que el mundo se me echaba encima cuando vi que estaba empezando a llover, chispeaba, y me acordé del otro día. Me volví a sentir mal, pero intenté olvidarlo. ¿Cuándo sería capaz de decirle que le quería con todo mi corazón y que si yo me iba no lo iba a olvidar nunca?





Llegó el día que me iba. Se lo dije a Candy esa mañana y me despedí de ella.
-¿Todavía no se lo has dicho a Samu?-preguntó Candy al otro lado del teléfono.
-No-suspiré.
-¿Y a qué esperas? Te vas hoy. ¿Qué vas a hacer?
-No lo sé, es que el saber que no lo voy a ver más no me deja pensar. ¿Qué hago?-dije desesperada.
A Samu no se lo quería contar porque aún lo quería y no quería despedirme de él, pero Candy me dijo que al menos le escribiera una carta. Esa tarde la escribí. Era justo. Puse:

Hola Samu, lo siento mucho por no habértelo contado antes. Esta noche me voy a Inglaterra durante un buen tiempo, no sé cuándo volveré. Sé que ahora estarás furioso por no habértelo dicho. Te prometo que cuando vuelva te diré el por qué. Lo siento mucho, pero es que no sabía cómo decírtelo, Te lo iba a decir antes, pero no encontraba el momento. Creo que es lo mejor para los dos. Así me ahorro la despedida, me hubiera costado mucho. Lo estoy pasando muy mal. Ojalá no me fuera, pero no me queda más remedio. Estaré cogiendo el avión. LO SIENTO, NUNCA TE OLVIDARÉ.
De tu mejor amiga
                                          Sofía
 
Se la di a Candy para que se la diera.
Si algún día volviese le diría por fin a Samu lo que siento por él.
Estaba entrando en el coche cuando vi llegar a Samu corriendo con la carta en la mano. Me bajé corriendo y lo abracé.
-¿Por qué no me avisaste?
-Tenía miedo.
-Pero, ¿a qué?
-A esto.
-Por favor, dame el por qué ahora.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 4

Durante muchos días lo fui esquivando. Cuando lo veía me iba para otro lado y así muchas veces. En esos días conocí a Candy, una chica de catorce años como yo. Me comentó que a ella también le gustaba el baloncesto, pero no se apuntaba porque su padre no la dejaba. Le decía que se podía hacer daño porque a él, cuando era joven, jugaba a baloncesto y se lesionó. Desde ese momento ya no pudo jugar más. Sólo la dejaba apuntarse a clases extraordinarias de lenguas extranjeras. Lo peor era que tampoco le dejaba tener amigas porque decía que eso era una farsa y que un día u otro la dejarán tirada. Yo no pensaba lo mismo, todo lo contrario, Candy se había convertido en mi mejor amiga y nunca la iba a dejar de lado. Candy iba a otro instituto sólo de chicas. Ella me llamaba por las tardes y hablábamos de lo que habíamos hecho durante el día.

A pesar de que había conocido a Candy y me pasaba los ratos libres hablando con ella, aún seguía pensando en Samu. No me podía creer como se puede tener tanta confianza y que no pueda ir a hablar con él y arreglar las cosas.

Un día estaba lloviendo y fui con Candy al pabellón para que viera como jugaban a baloncesto y para ver si conseguía que se apuntase. Cuando acabé de entrenar subí a las gradas donde estaba Candy. Legué donde ella y vi que estaba viendo el entreno de los chicos, entre los cuáles estaba Samu. Me vio y se me quedó mirando. Tragó saliva. Lo miré, no podía evitar sentirme triste y eso Samu lo notó.
-Candy, vamos-le dije cogiéndola del brazo.
-No, por favor, vamos a quedarnos un rato más-suplicó.
Al verla tan ilusionada decidí quedarnos un rato. Samu no paraba de mirarme. No lo podía soportar más y me fui de las gradas.
-Voy a buscar unos refrescos-le dije a Candy para disimular.
Me fui a un vestuario y me encerré dentro. Me desahogué llorando todo lo que pude. No aguantaba más. Escuché que alguien se acercaba a la puerta. Creía que era el conserje y que me iba a echar.
Me apoyé en la puerta para escuchar.
-¡Sofía!-era Samu. Estaba al otro lado de ésta.
 Me quedé callada.
-Por favor perdóname, siempre tuviste razón. No me daba cuenta. Soy un estúpido. Por favor, eres mi mejor amiga, perdóname.
Samu se apoyó en la puerta. No se escuchaba nada. Sentía su respiración al otro lado de la puerta. Permanecimos callados un tiempo. Escuché que se alejaba. Abrí la puerta y me fui. Vi a Samu correr detrás de mí por la calle. Me escondí detrás de un árbol para que no me viera. Estaba empapada. Samu se fue. En ese momento me acordé de que había dejado sola a Candy en el pabellón. Me fui corriendo, llorando y empapada hacia el pabellón, Candy me estaba esperando en la entrada.
-Vayámonos por favor-le dije a Candy aguantando las lágrimas.
-No, tú te quedas aquí.
Vi llegar a Samu con una toalla en las manos. Giré la cara para hacer como si no lo hubiera visto. Candy cogió la toalla y me la puso por encima. Samu sabía que estaba enfadada con él y no se acercó mucho.
-¿Por qué estáis enfadados?-preguntó Candy.
Ninguno de los dos habló. Hasta que yo no pude más.
-Fue por su culpa-dije mirando al suelo.
Samu me miró con rabia.
-Estoy harta de que os peleéis. ¿No erais tan amigos?
-Nunca lo entenderías.
Candy cogió su paraguas y se marchó. Genial, ella también se había enfadado.
Me senté en una silla y me quedé mirando el suelo, pensativa. Samu empezó a dar vueltas suspirando.
-Yo ya te he pedido perdón, ahora te toca a ti-murmuró Samu.
Lo miré.
-Hemos sido muy amigos. Dame una explicación- dijo ahora más fuerte.
Me levanté. Samu me estaba mirando muy serio.
-Me ha molestado mucho que la creyeras a ella antes que a mí.
Me acerqué a él y me dio un abrazo.
-¿Sólo eso?
-Sí, sólo por eso.
-No te creo, tiene que haber algo más.
-Al cabo del tiempo te darás cuenta-lo abracé otra vez.
Sabía que lo que había pasado nunca lo iba a olvidar, pero no siempre se puede vivir pensando en ello. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 3

Era martes. Fui al lavabo y me metí en un baño porque escuché que alguien venía. Era María con sus amigas.
-¿Qué tal con Samu?-preguntó una voz.
-Se está creyendo todo lo que le estoy diciendo de Sofía.
-¿Por qué lo haces?- dijo otra voz.
-Para que se distancien. Ahora ya ni se hablan. Mañana cortaré con él.
Me quedé de piedra al escuchar eso. El cuerpo me ardía.
¿Por qué quieres hacernos eso?-salí del baño y me dirigí a María.
-No soy tonta, sé que te gusta-sonrió maliciosamente.
-Eso no es verdad. Esta tarde se lo voy a contar- ¿Cómo sabía ella eso? ¿Quién se lo había dicho? ¡Pero si no se lo había contado a nadie!
-Di lo que quieras. No te va a creer.
-Puede que no, pero tarde o temprano se dará cuenta de lo que eres.
Las aparté y me fui del baño. ¡Qué bruja! Lo sabía, sabía que estaba jugando con él, ya le vale, no quería que le hiciese daño, tenía que contárselo a Samu, esperaba que me creyera.

Esta tarde tenía entreno. Por los pasillos del pabellón me encontré con Samu. No nos saludamos. Pero yo no podía más. Tenía que contárselo.

-Samu, espera-le llamé. Me temblaban las piernas.
Se giró y se me quedó mirando.
-¿Qué quieres?-dijo serio.
-Puede que no me creas, pero María no te quiere, Samu. Me ha dicho que cortará mañana contigo.
-No te creo.
-Cree lo que quieras. Yo ya te he dicho lo que sé.
Se fue. Le di una patada a la puerta y se cerró de un golpe. Aguanté las lágrimas como pude y volví al entreno, disimulando mi tristeza. Por lo menos lo había intentado, pero le iba a hacer daño. Lo que más me molestó fue que creyera más a María que a mí, su mejor amiga... ¿Por qué me pasaba esto a mí?


Al día siguiente María cortó con él.
Me enteré porque María me lo dijo.
-Ya está todo hecho-me sonrió María.
-¿Qué quieres decir con eso?-le pregunté arrugando las cejas, preocupada.
-Ya le he dejado-rió.
-¿Pero por qué le haces esto? ¿Qué ganas tú?
-Yo no gano nada-se puso seria-, pero tú lo pasas mal, es lo que quiero.
-¿No te has parado a pensar en cómo se estará sintiendo él ahora mismo?-aguanté las lágrimas.
-No, ni me importa, es un chico como cualquier otro, uno más en mi lista-sonrió y se fue sin decir nada más.


 Yo ya no quería ni mirar a la cara a Samu, él me había hecho daño a mí también. Me daba pena lo que le había pasado, pero no iba a ponerme sensible. Lo vi de lejos. Estaba hecho polvo. Una lágrima resbaló por mi mejilla. Pero sabía que no debía acercarme a él, aunque quizá me lo agradeciese. Pero no lo hice, mi orgullo era más fuerte. Me dolía admitirlo, pero él se lo había buscado, no me quiso hacer caso en su momento y ahora estaba pagando por lo ocurrido. Encima no se había dignado ni a pedirme perdón.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 2

Iba con Samu de camino al instituto cuando María se nos acercó. María es una chica de mi curso que siempre está molestando a todo el mundo. Quiere que todo sea suyo. Es guapa, tiene los ojos verdes y es pelirroja, muchos chicos van detrás de ella.
-Hola Samu, ¿quieres salir conmigo?- dijo y se fue.
Miré a Samu seria y recé porque le dijera que no.
-¿Qué le digo?-me preguntó.
-Haz lo que quieras-dije cruzándome de brazos.
-Haz lo que quieras, haz lo que quieras-dijo burlándose de mí-. Así no me ayudas.
-Oye no te burles de mí, ¿qué quieres que te diga? Es tu decisión, no la mía.
Me enfadé un poco con Samu. Yo le hubiese dicho que le dijera que no, pero era su decisión. Si fuese por mí me hubiese abalanzado sobre ella y le hubiese tirado de los pelos, pero no lo hice, no era lo más lógico. No hablamos en todo el camino, ni tan sólo nos miramos.

Esa tarde le dijo que sí. Fue como si me tirasen un ladrillo en la cabeza y me chafase entera. ¿Cómo podía salir con esa chica? Vale que es mucho más guapa que yo, ¡pero no tiene cerebro! No sabe ni lo que es 2+2… No entiendo cómo ha podido decirle que sí.


A partir de ese momento se fue distanciando de mí cada vez más por culpa de María. Ella le decía a Samu cosas horribles de mí, como que me liaba con el primer chico que veía, que era una guarra, etc., parecía que  estuviese explicando su propia vida en vez de la mía. Vale que María y yo, desde preescolar nos hemos llevado muy mal, pero no veía normal lo que me estaba haciendo. Él, como no, le hacía caso y se lo creía. Me enfadé tanto con él que ya ni le hablaba.

Me dolía verlo todos los días y no dirigirle la palabra. Ya sé que nunca habíamos sido pareja, pero me importaba más que nada en el mundo y no quería estar enfadada con él. Él había cambiado tanto… Todas esas tardes juntos se acabaron, ahora, ella le acompañaba a los entrenos con los niños, yo ya no existía para él, era pasado, algo que vino pero se fue. Lo echaba tanto de menos… Era mi mejor amigo y el no poder hablarle me mataba por dentro, ya no tenía ninguna razón por la que levantarme por las mañanas, al contrario, odiaba tener que levantarme para ir al instituto y encontrármelos besándose delante de mis narices. Y por las noches…Oh por las noches…Era el peor momento del día, eran los minutos más duros en los que pensaba en él y veía que todo se había acabado… Que nada volvería a ser como antes…

martes, 1 de noviembre de 2011

Ya nada será como antes Capítulo 1

Un día como otro cualquiera, quedé con Samu para ir al colegio, donde entrenaba a los niños, a las cinco de la tarde. Entramos y vimos que no había nadie. Estuvimos esperando mucho rato.
-¡Nadie me avisó de que no iban a venir!-dijo Samu levantándose del banco donde estábamos sentados.
-Tranquilo, llama a algún padre- le dije agarrándolo del brazo.
-Tienes razón.
Cogió el móvil y marcó un número. Esperó unos instantes. No lo cogían.
-Mierda.
-Tranquilízate.
-Cuando lleguemos al pabellón les diré que no quiero seguir entrenando.
-No te precipites, a lo mejor ha pasado algo.
Me miró serio. No tendría que haber dicho eso. Bastante preocupado estaba ya.
-¿Me acompañas?-preguntó aproximándose a la puerta.
-¿A dónde?
-Al pabellón.
-Vale.
Samu cogió su bicicleta y fuimos al pabellón. Llegamos y Samu se puso a hablar con el director del club. Los dejé solos. Estaba preocupada. No era normal que no estuviesen allí. Nunca habían faltado todos a ningún entreno. A veces faltaban uno o dos por estar enfermos, pero los padres avisaban.

Estuvieron hablando bastante rato. Me asomé para ver si habían acabado de hablar. Vi a Samu irse corriendo. Se le veía enfadado. Tiró unos papeles que había en una mesa. Tuve que apartarme para que no me empujara. Corrí tras él. Iba muy rápido, pero lo alcancé.
-¿Qué pasa?-tragué saliva.
-Un accidente y todo por mi culpa-dijo con rabia.
-¿Qué? Tú no tienes la culpa de que hayan tenido un accidente.
-Sí la tengo.
Empezó a andar y a dejarme atrás.
-¿Por qué?- se paró en seco.
-Porque…-dijo de espaldas-porque esos niños son de otro pueblo y si yo hubiese querido entrenarlos en su pueblo nada de esto habría pasado.
-No te eches la culpa. Tú no sabías que esto ocurriría.-le di un abrazo-¿Cómo están los niños?
- Por suerte bien.
-¿Entonces? No te preocupes.
-Pero si les hubiera pasado algo me muero.
Ahora él me dio un abrazo. Se tranquilizó bastante.
-¿Me quieres acompañar para ir a verlos?- me susurró al oído.
-Claro-sonreí.

Fuimos. Estaban muy bien. Cuando salimos Samu me invitó a un helado. Estuvimos paseando por el parque.
-¿Los seguirás entrenando?-le pregunté seria.
-Sí, les tengo mucho cariño.
-Me alegro-sonreí.
-¿Y eso?-rió.
-No, por nada, sólo que se los veía muy contentos cuando estaban contigo.
-¿Tú crees?
-Claro, cuando te han visto se te han tirado encima.
-Me duele un poco la espalda-dijo estirándose.
Me empecé a reír. Entonces, mi móvil sonó.
Era mi entrenador. Me decía que fuera a jugar el partido.
-¿Quién era?
-Mi entrenador. Tengo un partido dentro de una hora.
-¿Te avisan ahora?
-Sí, es que yo no tenía pensado ir porque me duele todavía un poco el tobillo, pero hay pocas jugadoras. Debo ir.
-¿Puedes jugar?
-Esperemos que sí.
-Te acompaño.
Le sonreí. Fuimos a mi casa para cambiarme y ponerme la ropa del partido.
Cuando llegamos al pabellón el partido ya había empezado.
-No he podido llegar antes-le dije al entrenador.
-Siéntate.
Íbamos 15-17 perdiendo. Miré a las gradas. Allí estaba él, Samu. Me saludó. Le sonreí.
Al final conseguimos remontar y ganar por un punto. Cuando nos estábamos duchando una compañera me preguntó dónde había estado.
-Con Samu.
-Ah, con Samu…-sonrió.
-¿Qué pasa?-dije perpleja.
Nada, nada- las demás se empezaron a reír.
-¿Cuándo es la boda?-preguntó Laura riéndose.
La miré con cara de pocas amigas.
-Menos humos eh-dijo Laura mirándome igual.
Suspiré. No quería pelearme.
Hice como si no hubiese escuchado nada.